Estefanía Torres Marrero
Acá comparto mi ecobiografía y lo que gesto en el presente
Desde el genius loci de la montaña.
Nací en el archipiélago puertorriqueño, en un pueblo, entre neblina, altura y montaña, Aibonito. Crecer aquí no fue solo una coordenada geográfica; fue una forma de aprender a percibir. La medicina de la montaña que en mi habita es calma, de la neblina a confiar en lo que no se ve con claridad inmediata, y del silencio rural la afinación de la escucha. Mucho antes de formarme como psicóloga, ya estaba siendo entrenada por el territorio a encontrar respuestas a la pregunta inagotable: ¿cómo nombro lo que siento y qué ocurre cuando el lenguaje no alcanza?
Con el tiempo comprendí que nuestro mundo interior y el mundo exterior no son esferas separadas, sino dimensiones que se traducen mutuamente a través del lenguaje. Y aquí mi interés por la psique en relación entre el mundo interno y mundo natural.
Mi formación doctoral en psicología clínica me ofreció rigor, estructura y profundidad psicodinámica. Sin embargo, fue en la intersección con la ecología, la psicología y la dimensión transpersonal donde encontré un lenguaje más amplio para lo que intuía desde pequeña: que la salud mental y emocional no puede aislarse del territorio ni del entramado simbólico que nos sostiene. La práctica clínica dejó de ser únicamente intervención para convertirse en el arte y ciencia del encuentro.
En la práctica clínica, esto se traduce en una escucha que atiende tanto el relato explícito como las imágenes, metáforas y silencios que lo acompañan. Cuidarnos implica ampliar el lenguaje disponible para narrarnos. Cuando una persona encuentra nuevas palabras, nuevas imágenes o nuevas formas de comprender su experiencia, algo en su mundo interno se reorganiza — y con ello, su forma de habitar el mundo externo.
Hoy acompaño a adolescentes y adultos en procesos que requieren profundidad, honestidad y tiempo. Trabajo desde un enfoque ecológico, psicodinámico y transpersonal, integrando cuerpo, historia y contexto. Mis sesiones tienen una duración extendida porque creo en la importancia de escuchar sin prisa y en construir un vínculo terapéutico sólido como base del cambio.
También acompaño en espacios de inmersión en la naturaleza y proyectos que exploran el cruce entre territorio y psique, convencida de que el contacto consciente con el entorno puede abrir dimensiones simbólicas y regulatorias que la conversación por sí sola no siempre alcanza.
Creo en una psicología que honra la complejidad y el cuidado del vínculo como acto ético y transformador.